domingo, 3 de mayo de 2009

Texto de la Ponencia "Stephenie Meyer o el fenómeno de una comunidad de lectores en comunicación"


12º Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro Leer, inquieta


Título de la Ponencia: Stephenie Meyer o el fenómeno de una comunidad de lectores en comunicación


Autora: Lic. Gabriela Adriana Monzón

(gabymonzon@gmail.com)



Debo iniciar esta exposición haciendo referencia a algunos sucesos de mi historia personal que es, desde que tengo memoria -irremisiblemente- una historia de lecturas, pues como expresa el personaje de Dianne Setterfield[1] en El cuento número trece: “Siempre he sido lectora; en todas la etapas de mi vida he leído y nunca ha habido un momento en que leer no fuera mi mayor dicha.”



En primer lugar, nunca imaginé aquel 24 de noviembre de 2006 -internada en una clínica para que me operasen la rodilla-, cuando abrí por primera vez la novela Crepúsculo de Stephenie Meyer que -transcurrido este tiempo- estaría hablando de ella en una instancia como esta.




En segundo lugar, debo ser sincera al respecto y expresar que soy una admiradora irreductible de la saga y de Meyer, que he leído -impenitente y emocionada- numerosas veces las cuatro novelas, y que desde el primer momento me transformé en una promotora incondicional de su lectura entre los lectores con los que estoy en contacto, particularmente adolescentes. Incluso administro un blog exclusivo sobre los libros en cuestión al que di en llamar Profe Crepúsculo, cuyo lema es Yo fui mordida. Ahora propago la fiebre, pero además tengo presente cada evento de contagio desde aquel primero que ocurriera en el año 2007, cuando en debutaba participando en la edición de este Congreso y realicé en aquella Feria la compra de los dos primeros libros para mis queridas Flopi y Ana Paula, dos alumnas de Paraná.




Al decir de Andreu Martin[2] “Yo pertenezco a la pandilla de adultos interesados por difundir el placer de la lectura y estoy satisfecho(a), porque creo que nos estamos saliendo con la nuestra.”




En tercer lugar, corresponde que aclare que, si bien me voy a ocupar de los libros, de presentarles desde mi perspectiva ciertas particularidades que los hacen destacables y diferentes en el campo en permanente reelaboración de la literatura para jóvenes; abocaré parte de mi análisis a lo que ha dado título a este trabajo: el fenómeno lector y escriturario que ha puesto en comunicación a tantos adolescentes y a muchos que ya no lo somos; pues aunque podría centrar la cuestión en la vivencia lectora personal -único modo (creo) de sostener la mediación-, la intervención en un Congreso de tales características es una instancia privilegiada para enunciar también algunas claves provisorias en torno los vínculos entre los lectores, la lectura como instancia no escolar, los procesos escriturarios que se ponen a funcionar en torno a algunos libros.


Como expresé anteriormente empezaré refiriéndome a las novelas que publicara en español Alfaguara Juvenil, cuyos títulos son: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer, escritas por la norteamericana Stephenie Meyer.


Si bien el reciente estreno cinematográfico basado en la primera de las historias hizo que los medios de comunicación hablaran bastante de la trama, desgraciadamente la información suele ser presentada por el periodista de turno que no tiene la menor idea al respecto, por lo tanto no creo que sea ocioso como mediadores de lectura manejar algunos datos elementales fidedignos acerca de los libros.


En principio, me parece oportuno hacer un comentario del argumento: Bella Swan, una adolescente tímida y muy torpe pero extrañamente madura, ingresa a una nueva escuela pues se ha trasladado desde la casa materna en Phoenix a vivir con su padre en Forks (estado de Washington). Aun cuando lo que más desea es pasar desapercibida y hacer una vida lo más anónima posible, se siente asaltada por una atracción inexorable hacia el joven más increíblemente atractivo que pudiera conocer: Edward Cullen, sin saber que este y su familia son en realidad vampiros que sacrifican sus ansias de sangre humana en beneficio de una existencia pacífica y moral. En la primera novela -Crepúsculo- los protagonistas atraviesan más de una vicisitud puesto que el joven no sólo deberá gobernar su irrefrenable sed por la sangre de Bella que le resulta extremadamente atrayente, sino asumir que se halla definitivamente enamorado de ella, a la vez que confiar en que esta no huirá horrorizada ni revelará su naturaleza inmortal. Para agravar las cosas la chica -que corresponde su amor y asume con inusual naturalidad su identidad sobrenatural- será perseguida por otros vampiros menos escrupulosos que los locales.



Resueltos los conflictos iniciales, en el segundo tomo -Luna Nueva- el apuesto Edward cree que la separación el único modo de mantener lejos de riesgos mortales a Bella, sin comprender que romper ese vínculo arrasará la vida de la joven con una fuerza devastadora que pondrá en riesgo su cordura. Sin embargo, la muchacha intenta sobrevivir al fatal desasosiego sosteniéndose en la amistad única que forja con Jacob, un muchacho de la reservación quileute, hijo de un amigo de su padre. Pero sin duda los peligros no dejan de existir porque Edward se haya alejado de ella, sino que se da una explosión demográfica de jóvenes hombres lobo en la reserva de La Push, pues perciben que hay aún vampiros asesinos rondando la zona y ellos tienen la mítica herencia de ejercer de anónimos protectores. Una carrera para salvar la vida de Edward, el regreso de este y fortalecimiento de la joven pareja en un amor épico, sumados al convencimiento y aceptación definitivos de que Bella es y será en adelante parte de la vida de los Cullen, permitirá el avance y complicación de la historia.



En el tercer libro -Eclipse- Jake -quien en la novela previa adquiriera la habilidad de mutar en lobo, como otros chicos de La Push- se transforma en un competidor persistente que desea conquistar el corazón de Bella; aún cuando esta le demuestra una y otra vez el lazo incondicional que la une a Edward. El amor de ambos muchachos por ella será el puente que unirá al bando de los vampiros y los lobos en una tregua histórica para luchar contra un enemigo común, y hará surgir una especie de amistad antagónica entre ellos.



El cuarto libro -Amanecer- trae complicaciones inusitadas y lo que se suponía iba a ser la culminación de la espera de Bella para transformarse en vampiro y unirse para siempre a Edward, resulta mucho más que eso, pues surge un hecho totalmente inusitado que hace madurar a los personajes y sin lugar a dudas termina siendo indeciblemente más fuerte que la historia de amor de dos adolescentes intemporales. Agregar cualquier dato sobre el último tomo es arruinar la sorpresa…


Ahora bien… ¿qué se puede expresar sobre la saga? Como adulta, crítica, lectora voraz, empedernida y defensora acérrima de la literatura juvenil, pero además como “mediadora” entre los chicos y los libros, no dudo en lo más mínimo en ponerle un rotundo diez a toda la serie, si ese fuera el tope calificativo.

Meyer da una nueva vuelta de tuerca al mito del vampiro y del hombre lobo de forma adecuada y original, reutiliza innumerables elementos de la tradición y los reescribe yendo más allá. Es interesante rastrear resonancias de otras historias vampíricas para lectores adultos -tanto clásicas como actuales- renovadas de modo magistral. Las novelas equilibran fantasía y realismo, romance y horror, ternura y sensualidad, y esto último no es un dato menor. Están excelentemente escritas, si bien debo reclamar a Alfaguara una traducción un tanto localista de la península, lo que en una edición española mundial es un error importante; e incluso sin llegar a erigirme en purista he notado errores de expresión y ortografía en el último libro.



Otra cuestión que no puedo dejar de indicar, es un aspecto que he tenido muy en cuenta en una investigación reciente -y que aún realizo- sobre las sagas literarias juveniles, y es el que atañe al sostén de la calidad de la intriga en tramas sucesivas que dilatan la historia en varios volúmenes. Y al respecto puedo decir sobre Meyer que ha sabido mantener la tensión de la intriga con un equilibrio notable, haciendo gala de una total solidez que le da unidad a la serie, coherencia en el clima narrativo manejado con precisión que es difícil de hallar. Esta es una cualidad que aprecio sobremanera, que exijo a la literatura en general y a la destinada a los jóvenes muy en particular. Virtud que poseen las novelas de J. K. Rowling o las de Phillip Pullman dedicadas a Sally Lockhart, lo que incluso una autora como Anne Rice -por citar una escritora actual de fantasía vampírica- no logra pues sus intrigas tropiezan, suben, bajan y se tambalean en más de una ocasión, y sí es una cualidad del maestro del horror Stephen King.




Un aspecto que deseo destacar es la maestría de Meyer para narrar el romance sin caer en la más mínima cursilería, con exquisitez, mesura, profundidad, al estilo de los clásicos. Lo que a su vez me lleva a otra cuestión; en el siglo XXI, en estos tiempos de pornografía desenfrenada, sexo a la carta a través del celular, amor de eslóganes publicitarios y telenovelas basura, de pseudo-poesía en pps que circula en la red; el amor serio, comprometido, total, que es pasión y el vínculo indoblegable, que es generoso y maduro, que crece y va evolucionando, que se atreve a decir para siempre… no está de moda. Tampoco parece cosa ni siquiera de los adultos actuales, los que a su vez les enseñan a los adolescentes que el amor es desechable. Pues por eso mismo, creo que es genial que Meyer hable de ese Amor, y además que con un lenguaje sugerente y delicado incluya el sexo en su última novela sin caer en fraseología barata y trillada de novela rosa ni en explicitaciones burdas.



Creo que las palabras de Ana María Shua[3] hablando de la serie de Rowling, expresan cabalmente mi opinión sobre la saga de Meyer, por lo que se las tomo prestadas:



“[…] es una historia de aventuras en serie, muy clásica en su desarrollo, con una técnica impecable. Tiene misterio, magia y suspenso. Y un gran conocimiento del mundo de los chicos de hoy. En los extremos, tiene buenos y malos netos, como los de antes. En el medio, tiene seres humanos confusos e impredecibles como los reales. […] Tiene la estructura clásica de la novela que suele llamarse "del siglo XIX" […]. Quienes consideran un pecado atenerse a esa tradición, se indignarán. Como no tengo ningún prejuicio contra el clasicismo, […] me parece una serie perfecta y encantadora.”



Un aspecto trascendental y quizá la clave de la pasión que generan estos libros, es que la autora parece respetar una ley inviolable a la hora de escribir ficción para jóvenes: no basta recordar cómo era sentirse adolescente o cómo fue vivir la adolescencia para poder llegar a la sensibilidad de dichos lectores; hay que vivir en el fondo del corazón y el alma esa experiencia, debe uno haber podido atesorar la sensación en su interior, experimentarla de nuevo, ser adolescente cuando escribe para ellos, independientemente de la edad que se tenga. Y esto me recuerda lo que me expresaba una lectora adulta recientemente: “Estos libros me han puesto la piel de gallina. Sentí las mariposas en el estómago como Bella”




Lo que argumenta Ana María Shua[4] sobre el fenómeno Harry Potter, coincide a la perfección con esta nueva experiencia: “[…] vino en buena hora para recordar a los padres, maestros, escritores y editoriales que existen chicos que leen por placer. Que leen aunque no los obliguen. Que quieren comprar un libro aunque no se lo pidan en la escuela.”



He descubierto que quienes hemos leído estas novelas y nos hemos enamorado de ellas, compartimos la entrañable calidez que se les debe a las páginas degustadas palabra a palabra, que se les adeuda a los libros llorados y reídos; nos hermana el sentimiento abrumador de ir llegando a las últimas hojas y sentir que al finalizar ya nada será igual. Todos los lectores de Stephenie Meyer somos un poco el pequeño personaje de La historia interminable. Sólo puedo equiparar lo que generan estas novelas -lectura apasionada, fervor incondicional, necesidad de compartir con otros lectores la vivencia- con el producido por la serie Harry Potter de Rowling, si bien es necesario establecer claramente que no tienen similitudes más que en el hecho de corresponder al género fantástico y supuestamente destinarse a un lector joven.



Exactamente como sostienen Carola Hermida, Mila Cañón y María José Troglia[5] sobre los libros del joven mago, sucede con los de Stephenie Meyer:




“[…] los libros no sólo se gozan y se desean, sino que las derivaciones de su lectura se socializan, es decir que se da un proceso de comunicación de lo leído entre los pares, se da cuenta de lo leído ante otros, que comparten la experiencia. Éste es exactamente el efecto de lectura deseado cuando proponemos la lectura de textos literarios. Estos mismos lectores se convierten en agentes de promoción de la lectura de estas novelas en la medida en que duplican la tarea de sus padres al regalarlos, elegirlos, recomendarlos para sus amigos, es decir que valoran al libro como objeto que debe ser leído, reconocen su valor y su función. Y algo más, como se trata de una saga, esperan las futuras incidencias de la escritura, entran al juego de ver “qué más puede pasar” con esta historia, proyectan, despliegan el horizonte de posibilidades de la escritura, en su imaginación planifican y escriben el libro que desean. ¿Qué se quiere, sino esto, cuando se intenta transmitir el placer de leer?”




Ahora bien, a esta otra cuestión precisamente deseaba aludir: las novelas de Stephenie Meyer han dado origen a un fenómeno que no puede ignorarse, y que representa a la perfección el lema de este Congreso: Leer inquieta.




Leer genera diálogo, más lectura, deseos de escribir, reflexión, intercambio, debate, ideas, creación, ampliación de universo personal y cultural. Los lectores de la saga Crepúsculo, además de ejercer casi como un rito las infinitas relecturas, sentimos la necesidad imperiosa de hablar con otros lectores para compartir la experiencia y vivenciamos el impulso ineludible de escribir.



Así surgen a cada paso -gracias a facilidades que nos ofrece la herramienta invaluable de la tecnología- múltiples modos de interacción: blogs, páginas web, foros, chats; en los que se ponen a funcionar procesos cognitivo-lingüísticos que ya quisieran los docentes que se realizasen en las aulas con igual sistematicidad y entusiasmo voluntario.



Es más que improbable que los lectores jóvenes que viven esta experiencia hayan leído o escuchado las palabras de Eduardo Abel Giménez[6], que sólo describía un posible escenario; no obstante es precisamente lo que sucede:



“[…]La difusión del libro en Internet es una tarea comunitaria. […] Internet también es nuestro espacio.Cada uno de nosotros tiene interés en difundir el libro, un libro, muchos libros. Desde el comentario casual de algo que leí y me gustó, hasta la tarea apasionada y apasionante de promover la lectura en niños y jóvenes. Desde el trabajo en una biblioteca hasta la producción de una revista literaria. Y desde un autor que se edita a sí mismo hasta la más grande empresa editorial.


Podemos enviar un e-mail o participar en un foro. Podemos reseñar un libro [...] o simplemente recomendarlo. Podemos empezar una página sobre nuestro escritor favorito, o sobre nuestras experiencias de lectura en clase.”




Merece un párrafo aparte, en este contexto, cómo ha incidido la aparición de la versión cinematográfica de la novela Crepúsculo, tanto en la lectura como en el fenómeno que estoy describiendo. Nadie ignora que entre los adultos supuestamente “no lectores” circula el mito de que si está la película, para qué molestarse en leer el libro. E incluso esos mismos adultos u otros “convencidos lectores”, es probable que manejen el supuesto de que entre los adolescentes el libro ha de estar en desventaja irremediable en relación con el film. Pues debo desilusionarlos contándoles que se quedarían pasmados al leer algunos de los argumentos de los chicos a favor del libro y la lectura.



Es preciso, llegados a este punto, detallar los procesos antes mencionados, que abarcan: rastreo y escaneo, transcripción, reelaboración o resumen de noticias, artículos, informes, notas, reportajes en múltiples soportes para su difusión; acción que suele también involucrar la traducción de diversos idiomas como un proceso paralelo; realización de encuestas, debates, comentarios, críticas; relevamiento -a partir de la relectura de las novelas- de fragmentos preferidos, destacados, impactantes (con clara diferenciación de tramas discursivas: descripción, narración de sucesos, segmentos dialógicos); creación de ficción que reescribe/amplía la ficción -cuestión sobre la que me detendré brevemente-. Todo lo cual se complementa con el surgimiento de nuevos itinerarios lectores, nacidos de la trama misma pues Bella lee varios libros a lo largo de la historia desde Romeo y Julieta, Cumbres borrascosas a las novelas de Jane Austen, o bien disparados por la búsqueda desenfrenada de nuevas novelas del género que prolonguen la experiencia: Medianoche de Claudia Gray, Besos de vampiro de Ellen Schreiber, Despertar de L. J. Smith, por mencionar algunas de las más cercanas.




Retomo, lo mencionado acerca de la escritura ficcional que surge de la lectura literaria, y no hablo de la prestigiada por el ámbito académico como un experimento de reescritura creativa; sino de un fenómeno marginal que se reconoce habitualmente como fan fiction, el cual aunque no legitimado por los contextos oficiales de circulación de la cultura, es una parte constitutiva de la institución literaria.



Enmarcado en este género la saga de Meyer ha disparado un proceso espontáneo de creación literaria por parte de los lectores, quienes no sólo escriben/leen historias vinculadas al eje principal de la trama, sino que incluso realizan proyectos colectivos versionando los libros; todo lo cual me trae a la memoria las reflexiones de Michel Tournier[7] acerca de Robinson Crusoe:


“[…] uno no se contenta con leerlo. […] Lo que da fuerza y valor a esa obra es que suscita una necesidad irresistible de reescribirla.”


“Hay en algunas obras maestras […] una incitación a crear, un contagio del verbo creador, una puesta en marcha del proceso inventivo de los lectores. Yo confieso que para mí esa es la cumbre del arte. Paul Valéry decía que la inspiración no consiste en el estado en que se encuentra el poeta cuando escribe, sino en el estado en que el poeta que escribe espera poner a su lector.”



O quizá sencillamente se produce un círculo y lector/escritor participan de una misma experiencia sin fin, sino qué otra cosa pueden significar las palabras de Stephenie[8] cuando recuerda qué sucedió luego de aquel sueño que le inspirara el eje de sus historias: “Me hice una adicta desde ese día. El sueño sólo fue una parte de mi obra. Lo importante fue darme cuenta de lo mucho que escribir significa para mí”




[1] SETTEFIELD, Diane. El cuento número trece. Barcelona, Lumen, 2007.

[2] MARTÍN, Andreu. “¿Por qué literatura juvenil?”, en Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, N° 72, 1995. Digitalizado por el Centro de Documentación e Investigación sobre Literatura Infantil y Juvenil – Salamanca – Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

[3] SHUA, Ana María. “Un análisis de la obra de J. K. Rowling. Harry Potter y el niño argentino”. Revista Monitor de la Educación N° 13.

[4] Idem 2.

[5] HERMIDA, Carola, Mila Cañón y María José Troglia. “Lectura y escuela: Prácticas literarias y selección de textos”, s/f s/d.

[6] GIMÉNEZ, Eduardo Abel. “La difusión del libro en Internet es una tarea comunitaria”, Imaginaria N° 154, Buenos Aires, 11 de mayo de 2005.

[7] TOURNIER, Michel. “¿Existe una literatura infantil?”. Imaginaria N° 96, Buenos Aires, 19 de febrero de 2003.

[8] AYUSO, Rocío, “El mordisco de Stephenie Meyer”, Entrevista a Stephenie Meyer, El País, 06/12/2008, disponible en http://www.elpais.com/articulo/semana/mordisco/Stephenie/Meyer/elpepuculbab/20081206elpbabese_3/Tes

3 comentarios:

Jessica Olivera dijo...

Hola, soy otra profe Crepúsculo.
Yo fui contagiada por mi hermana y la he transformado en una epidemia expandiéndola a mis alumnas, incluso estoy organizando un foro para discutir sobre el tema con todas en lote.
Te felicito un abrazo.
Jéssica.
olivera.jessica@ymai.com

Gabriela Monzón dijo...

Hola Jessi, qué gusto, me encantará visitar tu foro
besos
Gaby

Arantxa y Aran dijo...

Gaby cuanto tiempo!! como va todo?? espero que bien!!

vi los videos de las ponencias hace poco en Piezas...y hoy que paso por aquí para leer tus novedades te comento que me encantaron *o* queria felicitarte por tu trabajo y darte la enhorabuena, espero de verdad que los asistentes tomaran conciencia de todo el mundo que nos rodea con respecto a jóvenes bloggeros (que no todos somos como pintan la sociedad y los mayores y que mayor prueba que los blogs dedicado a literatura verdad? ^^)y tambien con el fenómeno de la saga de Meyer, que ha movido masas como pasó con HP.

Además queria avisarte que el plazo de entregar las entrevistas por si ibas a participar termina mañana a la medianoche española y QUE SE ESTA FRAGUANDO 1 NUEVO CONCURSAZO! espero que te animes wapa!

Un abrazo ^o^:

*Arantxa*

P.D: te echamos de menos en el foro!! >_<

El amor de Bella y Edward...


[Dos y uno]

Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y, al besarse,
forman una sola llama.


Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.


Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata.


Dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y, al juntarse allá en el cielo,
forman una nube blanca.


Dos ideas que al par brotan;
dos besos que a un tiempo estallan
, dos ecos que se confunden;
eso son nuestras dos almas.


Rima XXIV, Gustavo Adolfo Bécquer


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