jueves, 5 de marzo de 2009

Lazos de sangre: cómo se relaciona la saga de Meyer con la novelística actual de vampiros y/o sobrenatural

¡CUIDADO!
Contiene spoilers


Como he expresado en otra oportunidad, la saga de Stephenie Meyer no cayó en terreno infértil al ir a parar a mis manos, ni debajo de mi voraz mirada lectora; sino que más allá de sus virtudes que me atraparon, de las que he hablado en abundancia (¿por qué creen si no que administro este blog?)… al encontrarnos además se topó con una lectora predispuesta, aficionada al género, devoradora de cuanta cosa se haya escrito de vampiros y también -quizá un poco menos- de hombres lobo…


Por ese motivo cuando me adentré en su lectura, me hallé en terreno conocido más allá de las vueltas de tuerca originales que la autora da a sus historias, y en ese proceso fui hallando parentescos, vínculos, relaciones, sobre todo con la novela para adultos de género sobrenatural y especialmente la de corte vampírico, de la que sospecho que Meyer puede ser una lectora secreta, puesto que públicamente no ha reconocido su afición más que por Jane Austen, las hermanas Brönté o Shakespeare.


También hallé relación con otras novelas juveniles, pero en esta ocasión no hablaré de las sagas vampíricas para adolescentes, ya que me faltan leer demasiadas inaccesibles en español.


Así, en algún momento hice un apunte sobre esos diálogos que las novelas de la saga establecían con otras lecturas que había realizado. Notas que anduvieron a los tumbos en mi escritorio, en mi portafolios, en mi agenda, hasta que las perdí de vista. Sin embargo las rescaté de un montón de materiales “para clasificar” a instancias de mi amiga Valeria, colaboradora de este blog, quien expresó su deseo de que escribiera algo acerca de vampiros y hombres lobo, este será -prometo- sólo el inicio.


Y aquí estamos…


En principio creo que resultará útil seleccionar algunos hechos, eventos, además de ciertas características de los personajes, para ser usados como categorías de comparación. Luego les contaré qué relaciones establecí y con qué libros. Sin duda muchos otros vínculos se escaparán a mis itinerarios lectores, y será muy interesante que quienes pasan por acá puedan colaborar ampliando los lazos de sangre…


Aclaro que estos mismos enlaces podrían establecerse con el cine, pero no deseo desarollar hasta el infinito esto que es sólo un ejercicio entretenido de los recorridos que los lectores podemos hacer.


Características vampíricas: la belleza sobrenatural y avasalladora, la piel suave e indestructible, la apariencia de mármol, la dureza que en realidad resulta delicada al tacto, no son propiedad absoluta de los vampiros de Stephenie, sino que la primera vez que me hallé estas cualidades leyendo fue al adentrarme en las novelas de Anne Rice, la mítica autora de New Orleans. Esta fue capaz de dar vida a una serie de personajes inolvidables de la literatura fantástica para adultos que revolucionaron la imagen clásica del vampiro tirando por tierra la vieja concepción maligna. Lestad, Louis, Claudia, Marius, Armand, y tantos otros, llegaron al mundo ficcional para quedarse.

Sin duda que Rice es una referencia obligada en el contexto de la literatura fantástica actual, e incluso instaló en la imaginación de los lectores del mundo una mágica identidad para su ciudad, la que luego de sus libros ya no volvió a ser la misma. Es común incluso hallar otras obras de género vampírico que citan los seres y sitios creados por ella (haciendo que la ficción se torne autorreferencial), y en ocasiones incluyen a la autora. Por ejemplo la escritora de novelas románticas sobrenaturales Charlaine Harris, creadora de la mesera telépata Sookie Stackhouse, hace mención a los vampiros de Rice; igualmente que Ellen Schreiber quien en su novelita juvenil Besos de vampiro hace que su heroína gótica adolescente enloquezca de alegría pues logró un autógrafo de su autora favorita.


Los vampiros que están en otro lugar de la escala biológica, pero que gozan de las comodidades, ventajas, anonimato de la vida humana son típicos de Rice y de muchas otras novelas actuales; pero la moralidad, el deseo de ser buenos, de respetar la vida humana, la tortura por ser un “monstruo” que vemos en Edward nos recuerda mucho al Louis de Rice, doliente y angustiado. Sin dudas que nuestro Edward termina siendo más optimista, menos deprimente, más positivo ya que en el transcurso de las novelas lo vemos autosuperarse, dejar de cuestionarse vanamente, asumir con más libertad lo que es, a lo que lo ayuda el amor de/por Bella, obviamente.


La enemistad vampiros hombres lobo: nada es totalmente propio en el mundo de las palabras, parece que estamos en la misma historia como dice Sam Samsagaz en El Señor de los Anillos, y así hallé que esa enemistad tan acendrada entre vampiros y lobos de La Push, tenía su correlación en la de los vampiros y weres (hombres lobo) de las novelas mencionadas de Charlaine Harris: la serie de Sookie Stackhouse. Sin embargo este desagrado mutuo se ve sometido a treguas y alianzas de ayuda mutua cuando el enemigo es común a ambos bandos y el único modo de sobrevivir es pactando. Sin duda se halla también la coincidencia de que una joven es el nexo entre ambos grupos: Bella Swan logra que los Cullen y los quileutes se alíen contra los asesinos neófitos y los Vulturis; Sookie Stackhouse logrará que vampiros y hombres lobo hagan causa común contra las brujas en Muerto para el mundo.

Olor identificatorio de las especies: uno de los hechos que me divierten del antagonismo entre Edward y Jake, así como entre los vampiros en general y los lobos en la saga Crepúsculo, es el rechazo mutuo que les produce el olor de la otra especie; lo que da lugar a más de una broma, queja, comentario cáustico por ambas partes. Y no sólo me encuentro la misma particularidad como identificatoria de los weres y vampiros de Charlaine Harris, quienes son capaces de percibir el rastro del aroma típico de la otra raza, sino que en otras novelas -en este caso de género juvenil fantástico- como son las Memorias de Idhún de Laura Gallego García aparece exactamente el mismo desagrado de ambos jóvenes enamorados de la muchacha unicornio en cuestión: el muchacho dragón Jack y el chico serpiente Kirtash/Christian.


Sin embargo lo más simpático son las palabras que utilizan para reprochar a las adolescentes el contacto con el otro:

Memorias de Idhún:


“Pero Christian retrocedió y la miró con frialdad.

-Apestas a dragón -dijo solamente, por toda explicación.”


"-Apesta a serpiente por aquí.

-Jack, no empieces otra vez... -protestó Victoria”


Eclipse:


“—Uf —dijo, arrugando la nariz—. El pelo apesta más que tu habitación.

—Lo siento —murmuré.

De pronto comprendí de qué se había reído Edward después de haber mezclado su aliento en mi pelo.

—Ésa es una de las muchas desventajas de salir con vampiros —comentó Jacob, encogiéndose de hombros—. Hace que huelas fatal.”


“—Bella... —comenzó, pero se detuvo y torció la nariz con desagrado.

—¿Qué pasa ahora?

—Bueno, no te ofendas, pero hueles como un perro... —me dijo.”


"El se rió entre dientes.

—[...] bueno, porque la verdad, cariño, es que apestas.

Arrugó la nariz.”


Oposición calor/frío: la misma diferencia de temperatura que se establece entre los lobos quileutes quienes parecen afiebrados todo el tiempo al lado de la frialdad marmórea de los vampiros, es la que se percibe entre los adaptaformas (humanos que cambian en animales) o weres y vampiros de Charlaine Harris, a la vez que la que se hace evidente y distingue a los dragones sangre caliente y serpientes sangre fría de Laura Gallego García en Memorias de Idhún.


La imprimación: aunque puede sorprender a primera vista el lazo que se establece entre los lobos de La Push y las parejas de las que se sienten prendados irremisiblemente, no es tan distinto del que en otras novelas se origina entre vampiros y el objeto de su amor que les hace rendirse a sus sentimientos, desear proteger al objeto de su afecto aún a costa de su vida. Si bien se trata de sagas de novelas románticas para adultos tanto en la serie La hermandad de la daga oscura de J. R. Ward como en la serie Cárpatos de Christine Feehan, aparece una unión definitiva tanto física como espiritual que vincula a ciertos vampiros y a sus amadas.

El crimen de transformar niños: a quienes hayan leído la novela Entrevista con el vampiro que inicia las Crónicas Vampíricas de Anne Rice o al menos visto el film que dio origen, no le ha de resultar ajena la creación de Meyer cuando narra en Amanecer acerca del castigo que los Vulturis imponían a quienes crearan niños inmortales, y lo terriblemente que había marcado la conciencia colectiva de los vampiros este suceso; se asemeja a la trasgresión fatal que comete Lestad al convertir en vampiro a la pequeña Claudia, lo que les acarreará a causa de su irresponsabilidad, su propia tragedia y la de otros personajes.

Embarazo de crecimiento acelerado y peligroso: intentaré no revelar demasiado para no destruir la sorpresa de quienes no han leído toda la saga, pero así como hallamos en el último libro de Meyer, un embarazo de tiempo aceleradísimo que pone en riesgo a la madre en el proceso, es posible establecer un paralelo con otra saga de Anne Rice -no de vampiros sino de brujas- es decir la trilogía de la familia Mayfair: La hora de las brujas, El último de los Taltos y Lasher. En estas novelas, algunas mujeres humanas, entre ellas la bruja Rowan Mayfair quedan encinta de un taltos -ser inmortal de origen milenario- y el proceso es no sólo acelerado y terriblemente peligroso para la madre al punto de que varias mujeres mueren en el período de gestación, sino que el niño una vez nacido se desarrolla en tiempo récord hasta alcanzar la plenitud de la juventud. Sobran las palabras.


Sin embargo no son únicos estos contactos, sino que en Cárpatos de Christine Feehan, en La hermandad de la daga oscura de J. R. Ward, y en la serie Sookie Stackhouse de Charlaine Harris, existen especies (vampiros en las dos primeras y hombres pantera en las últimas) cuyas representantes del género femenino tienen serias dificultades para concebor y llevar a término los embarazos, poniendo en serio riesgo su vida en cada ocasión.

Convocatoria vampírica para luchar contra un enemigo común: me fue inevitable al leer Amanecer, recordar la novela La reina de los condenados de Rice (¡nuevamente!) porque del mismo modo en que se realiza una convocatoria de vampiros milenarios que ruedan por el mundo para enfrentar una amenaza -Akasha, la voraz y mortífera reina madre de los vampiros en Rice-, Meyer reúne del lado de los Cullen a numerosos aliados de diverso origen. Algunos incluso idéntico a los de las Crónicas, por ejemplo: Mael es de origen celta así como Liam y su clan irlandés en Amanecer; Kayman es egipcio como Anum y Kebi, Gabrielle es una aventurera nómada como Garrett, Randall y otros.


Estas cosa nos pasan a los lectores, leemos a partir de lo ya leído, establecemos relaciones, andamos caminos desconocidos descubriendo semejanzas, parecidos, novedades, sorpresas. Los libros se entrelazan en nuestros afectos, en nuestros recuerdos, en nuestro almacén de información, y es un camino que sigue y sigue… parafraseando a Bilbo Bolsón…


2 comentarios:

Lisa dijo...

Hola, Gaby!
Qué tal?
Me ha gustado mucho este examen tan profundo de lo que son las novelas vampíricas en general, están muy relacionadas las características de unas y otras (aunque las mejores son las de Stephenie)
Un beso,
*Lisa*

· Alba · dijo...

Caray, menudo artículo... Lo leeré mañana cuando esté más despejadita ;)
Besooos!!!

El amor de Bella y Edward...


[Dos y uno]

Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y, al besarse,
forman una sola llama.


Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.


Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata.


Dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y, al juntarse allá en el cielo,
forman una nube blanca.


Dos ideas que al par brotan;
dos besos que a un tiempo estallan
, dos ecos que se confunden;
eso son nuestras dos almas.


Rima XXIV, Gustavo Adolfo Bécquer


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